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Servicio de accesibilidad web para pymes: guía y ley

La accesibilidad web ya es obligatoria para muchas empresas en España. Qué exige la Ley 11/2023, cómo revisar tu web y qué pedir a un servicio profesional.

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La accesibilidad web fue durante años un asunto de administraciones públicas y grandes corporaciones. Eso se acabó: desde el 28 de junio de 2025, muchas empresas privadas en España están obligadas por ley a que su web sea accesible, y entre ellas hay miles de pymes que venden online. Si has llegado aquí buscando un servicio de accesibilidad web para tu empresa, o quieres saber si esta obligación va contigo, esta guía te ordena la decisión: qué exige la norma, cómo revisar tu web por tu cuenta y qué pedir (y qué no aceptar) cuando contrates ayuda.

Una aclaración honesta antes de empezar: esto es orientación general para situarte, no asesoramiento jurídico. La norma tiene matices, excepciones y calendario propio, y tu caso concreto conviene validarlo con tu asesoría legal.

Resumen

La Ley 11/2023, que traspone al derecho español la European Accessibility Act, obliga desde el 28 de junio de 2025 a que determinados servicios dirigidos a consumidores sean accesibles, y el comercio electrónico está en la lista. Las microempresas que prestan servicios quedan exentas; el resto tiene deberes concretos. La referencia técnica en la práctica son las pautas WCAG 2.1 en su nivel AA. La parte tranquilizadora: la mayoría de los problemas se detectan con una revisión ordenada y se corrigen por prioridades, sin tirar la web y empezar de cero.

A quién obliga la ley (y a quién no)

La Ley 11/2023 traspone, entre otras, la Directiva (UE) 2019/882, conocida como European Accessibility Act. Su título I, el que regula los requisitos de accesibilidad, entró en vigor el 28 de junio de 2025 y se aplica a productos y a servicios prestados a consumidores. Entre los servicios afectados están el comercio electrónico, la banca para consumidores, los libros electrónicos, las comunicaciones electrónicas y varios elementos del transporte de viajeros.

Dos matices que importan a una pyme:

  • La exención de microempresa. Las microempresas que prestan servicios (menos de 10 personas y hasta 2 millones de euros de facturación o de balance anual) están exentas de estos requisitos. Si estás justo en el límite, o si creces, ese paraguas desaparece.
  • El régimen transitorio. Los contratos de servicios firmados antes del 28 de junio de 2025 pueden seguir sin cambios hasta su fin, con un tope de cinco años desde esa fecha.

Para el sector público la obligación ya venía de antes, con el Real Decreto 1112/2018. Si vendes a administraciones o participas en licitaciones, la accesibilidad de lo que entregas también puede aparecer como requisito de contrato.

¿Y si tu web es un catálogo sin venta online? Ahí la obligación es menos directa, pero la lectura práctica cambia poco: una web que una parte de tus clientes no puede usar es una web que vende menos y atiende peor.

Qué exige en la práctica: las WCAG como referencia

La ley no habla de colores ni de tamaños de letra: fija requisitos funcionales. La forma habitual de aterrizarlos es seguir las pautas WCAG del W3C en su nivel AA, el estándar internacional de accesibilidad web. Se organizan en cuatro principios que se entienden mejor con ejemplos:

  • Perceptible. Las imágenes con información llevan texto alternativo, los vídeos llevan subtítulos y el contraste entre texto y fondo permite leer sin esfuerzo.
  • Operable. Toda la web funciona con teclado: menús, filtros, formularios y botones se alcanzan y se activan sin ratón.
  • Comprensible. Los formularios tienen etiquetas claras y, cuando hay un error, explican qué pasó y cómo corregirlo; el lenguaje evita jerga innecesaria.
  • Robusto. El código está bien construido para que los lectores de pantalla y otras ayudas técnicas lo interpreten sin sorpresas.

El W3C mantiene una introducción a la accesibilidad en español que merece quince minutos de tu tiempo: explica el porqué de cada principio mejor que cualquier resumen.

Cómo autoevaluar tu web en una tarde

Antes de contratar nada, haz esta revisión. No sustituye a una auditoría, pero te da una idea del tamaño del asunto y te prepara para hablar con proveedores sin ir a ciegas.

  1. Guarda el ratón. Recorre tu web solo con la tecla Tab y Enter. ¿Llegas a todos los menús y botones? ¿Se ve en todo momento dónde estás? ¿Puedes completar una compra entera?
  2. Pasa una herramienta gratuita. WAVE y Lighthouse señalan problemas de contraste, textos alternativos y estructura. Ojo: las herramientas detectan solo una parte de los problemas; que salgan cero errores no significa que la web sea accesible.
  3. Amplía al 200 %. Sube el zoom del navegador y comprueba que el contenido se recoloca sin cortes ni solapamientos.
  4. Maltrata tu formulario más importante. Deja campos vacíos o mal rellenados. ¿El mensaje de error dice qué falta y dónde, o solo se pone rojo algo en algún sitio?
  5. Enciende el lector de pantalla del móvil (VoiceOver en iPhone, TalkBack en Android) y escucha tu página de inicio. Es la prueba más reveladora de las cinco.

Si de esta revisión sale una lista larga y no sabes por dónde empezar, podemos revisar contigo el estado de accesibilidad de tu web y salir con una lista corta de correcciones ordenadas por impacto.

Qué pedir a un servicio de accesibilidad web

La demanda de servicios de accesibilidad ha crecido con la ley, y con ella la oferta de soluciones milagro. Estos criterios separan un proveedor serio de un parche caro:

Qué pedirPor qué importa
Auditoría con revisión manual, no solo pasar una herramientalas herramientas no ven buena parte de los problemas reales de uso
Informe priorizado por impacto y esfuerzonecesitas saber qué corregir primero, no un listado de 400 incidencias
Correcciones sobre tu propia webel problema está en tu código y en tu contenido; ahí se arregla
Formación para quien publica contenidocada texto o imagen nueva puede romper lo conseguido
Revisión periódica pactadala accesibilidad se mantiene, no se logra una sola vez

Y una señal de alerta clara: desconfía de quien prometa cumplimiento legal garantizado instalando un widget o una capa superpuesta sobre la web. Esos parches no corrigen el código de origen, a veces estorban justo a quienes usan ayudas técnicas y no trasladan tu responsabilidad a nadie.

Por nuestra parte, en Intención no somos un despacho jurídico ni certificamos cumplimiento legal: lo que hacemos es ordenar el proceso. Revisamos tu web contigo, priorizamos las correcciones por impacto y dejamos a tu equipo con el criterio suficiente para no volver a romperlo.

Un ejemplo para aterrizarlo

Imagina una tienda online de menaje con 14 empleados. Le aplica la ley: supera el umbral de microempresa y vende a consumidores. Su revisión encuentra tres bloques: contrastes insuficientes en botones y avisos, un formulario de pago sin mensajes de error claros y fichas de producto con imágenes sin texto alternativo. El plan razonable: primero el proceso de compra completo, porque cada barrera ahí cuesta ventas cada día; después las plantillas de la tienda; y desde entonces una regla nueva de publicación: ninguna imagen sale sin su alternativa de texto. Tres meses de trabajo por fases, ninguna web nueva.

Errores frecuentes

  • Tratarlo como un proyecto de una sola vez. La web cambia cada semana; sin criterios para el día a día, en un año estás igual.
  • Confiar todo a un widget. Capa por encima, problema debajo.
  • Olvidar los documentos. Los PDF descargables (catálogos, tarifas, manuales) también cuentan, y suelen ser lo más inaccesible del sitio.
  • Pensar solo en la sanción. El mismo trabajo que te acerca al cumplimiento hace tu web más clara para todo el mundo y más fácil de interpretar también para los buscadores.
  • Dejarlo para el rediseño. El rediseño perfecto nunca llega, y el formulario que expulsa clientes sigue ahí mientras tanto.

Por cierto: si ya revisaste tu web por privacidad con nuestra checklist RGPD, la mecánica te sonará. Mismo espíritu, otra materia.

Preguntas frecuentes

¿Mi pyme está obligada a cumplir la ley de accesibilidad?

Si vendes online a consumidores y superas el umbral de microempresa (10 personas o 2 millones de euros anuales), lo prudente es asumir que sí y confirmarlo con tu asesoría legal sobre el texto de la Ley 11/2023. Si eres microempresa de servicios, hoy estás exenta, pero el umbral se cruza al crecer.

¿Basta con instalar un widget de accesibilidad?

No. Las capas superpuestas no corrigen el código de la web, que es donde están los problemas, y pueden interferir con las ayudas técnicas que ya usan tus visitantes. Sirven, como mucho, de complemento puntual mientras se corrige lo de fondo.

¿Cuánto cuesta hacer accesible una web?

Depende del estado de partida, del tamaño del sitio y de si tu equipo puede aplicar los cambios o hace falta desarrollo externo. Por eso el primer paso sensato es una revisión priorizada: saber cuánto hay que corregir antes de hablar de cuánto cuesta corregirlo.

Siguiente paso

La accesibilidad no se arregla de golpe: se ordena por prioridades y se mantiene en el tiempo. Si quieres saber en qué punto está tu web y qué corregir primero, plantéanos el estado de tu web y de tus documentos y decidimos juntos qué entra en la primera tanda de correcciones. La primera conversación, sin compromiso.